
VIDELA... como el presidente
Yo venía pensando en la delicia de andarse paseando por santiago a media tarde o venirse a valparaiso por el día en la semana... recordando a mi amiga "nospanish" que ayer se fue a sacar fotos a un paradero de micros y hoy tal vez que esté haciendo, venía en eso y recordando como se me secó la piel y el pelo cuando estaba todo el día sentada en el mismo lugar , trabajando en los mismos temas y siempre con la misma gente.
Cuando entré pregunté si era el Café Riquet, creía que era por el recuerdo de cuando venía con mis papas, pero dudé porque los cuadros en la muralla eran modernos pero feos y el lugar era bastante más chico de lo que recordaba, claro que en ese mismo momento me dí cuenta que le hablaba a un caballero de 200mil años y que al lado mío figuraba una señora que si no hubiese sido porque estaba comiendo podría haber pensado que era una estatua... anciana como el local pero con todo el estilo, blusa verde estridente, lentes que claramente la llevaban en la época (y en esta también), sentada sóla y segura de que de diabetes no se moría por el sendo pedazo de torta que se echaba a la boca...
Me instalé, con toda la tecnología que llevaba encima, mi laptop que ya había encendido 8 veces en el día sin avanzar más de 8 líneas, la cámara digital de mi rumi (que seguramente debía estar apestada en santiago por estar hace seis horas y media sentada en la pega), mi pendrive de música (no se si eso tiene algun nombre tecnológico) y mi nuevo jugetito... grabadora con microfono que no se nota, el cual isntalé sin que nadie lo viera para registrar mis 2 horas de estadía en tan ilustre lugar.
Me atendió como una reina, hasta me dijo que soy una reina, sandwich de jamón con queso con pan hecho en casa, torta de lúcuma con receta de la abuela y jugo de piña, the real jugo de piña. Antes de dejar el tenedor en el plato luego de mi ultimo bocado aparecía su brazo blanco albo y me decía "ni se mueva, yo estoy detrás suyo para atenderla", era un sueño; yo la reina del café porteño... Todo maravilloso hasta que pedí un té y me trajo una tatera gigante que a lo lejos se veía blanca maravillosa pero al acercarse dejaba ver sus piquetes y una horrorosa etiqueta azúl de Té club, para no olvidar los sabores de los deliciosos manjares que hasta ahí había probado, pensé que para los antiguos aciduos al Riquet eso era una delicia, para ellos no existía la diversidad de exquisitos té(s) que coleccionamos con mi rumi y la loza , aunque picada, era un lujo por su antiguedad, con evidente molestia me explicó que "los dueños originales, los alemanes, habían muerto y que el que llevaba el negocio ahora no comenzaba siquiera a leer la enciclpoedia de la elegancia y el glamour que contaba la historia del Riquet".
Me tranquilicé, volví a mi rol de reina e insití en el privilegio de mi media jornada, de mi libertad sagitariana, de mis despertadas a las 10:00 am... hasta que se me ocurrió preguntarle y me contestó que trabajaba ahí hace 48 años. Miré el lugar, las ventanas, los muros, los sillones antiguos (que seguro no habían cambiado desde hace 48 años), y pensé que él se despide de su señora en villa alemana desde hace 48 años y lo unico que ve en todo el día es este café... en ese momento entró una persona y lo saludó -Buenas tardes don Gabriel-,- Buenas tardes dama, ya llegó el verano!!- contestó.
Es feliz, como una lombriz... ahí sentado en la ultima mesa parandose solo lo que la edad le permite, es feliz. Parte del inventario tal vez, pero feliz. ¿Cómo debe ser la vida de una persona que es feliz estando hace 48 años en un mismo lugar?!!... y cómo es la mía que no duro ni 2 años en ninguna parte!!!!
En fin, moraleja, ralla pa la suma, en conclusión, con todo, da lo mismo... sólo retomé algo que venía pensando hace algun tiempo, esto de la relación entre los ojos y la felicidad, algunas personas resumen su felicidad a lo que sus ojos ven y otras en cambio somos felices imaginando todo lo que nuestros ojos aun no han visto...
Cuando me trajo la boleta me dijo "Ya sé porque me cayó tan bién" (inmediatamente pensé que era la media propina que le había dejado por haberme alegrado el día más de la cuenta)... -"somos tocayos... gabriel me llamo yo, acuerdese de mí, gabriel Videla, como el presidente así le va a ser facilito"-... -"Nos vemos el próximo martes don gabriel"-.
Yo venía pensando en la delicia de andarse paseando por santiago a media tarde o venirse a valparaiso por el día en la semana... recordando a mi amiga "nospanish" que ayer se fue a sacar fotos a un paradero de micros y hoy tal vez que esté haciendo, venía en eso y recordando como se me secó la piel y el pelo cuando estaba todo el día sentada en el mismo lugar , trabajando en los mismos temas y siempre con la misma gente.
Cuando entré pregunté si era el Café Riquet, creía que era por el recuerdo de cuando venía con mis papas, pero dudé porque los cuadros en la muralla eran modernos pero feos y el lugar era bastante más chico de lo que recordaba, claro que en ese mismo momento me dí cuenta que le hablaba a un caballero de 200mil años y que al lado mío figuraba una señora que si no hubiese sido porque estaba comiendo podría haber pensado que era una estatua... anciana como el local pero con todo el estilo, blusa verde estridente, lentes que claramente la llevaban en la época (y en esta también), sentada sóla y segura de que de diabetes no se moría por el sendo pedazo de torta que se echaba a la boca...
Me instalé, con toda la tecnología que llevaba encima, mi laptop que ya había encendido 8 veces en el día sin avanzar más de 8 líneas, la cámara digital de mi rumi (que seguramente debía estar apestada en santiago por estar hace seis horas y media sentada en la pega), mi pendrive de música (no se si eso tiene algun nombre tecnológico) y mi nuevo jugetito... grabadora con microfono que no se nota, el cual isntalé sin que nadie lo viera para registrar mis 2 horas de estadía en tan ilustre lugar.
Me atendió como una reina, hasta me dijo que soy una reina, sandwich de jamón con queso con pan hecho en casa, torta de lúcuma con receta de la abuela y jugo de piña, the real jugo de piña. Antes de dejar el tenedor en el plato luego de mi ultimo bocado aparecía su brazo blanco albo y me decía "ni se mueva, yo estoy detrás suyo para atenderla", era un sueño; yo la reina del café porteño... Todo maravilloso hasta que pedí un té y me trajo una tatera gigante que a lo lejos se veía blanca maravillosa pero al acercarse dejaba ver sus piquetes y una horrorosa etiqueta azúl de Té club, para no olvidar los sabores de los deliciosos manjares que hasta ahí había probado, pensé que para los antiguos aciduos al Riquet eso era una delicia, para ellos no existía la diversidad de exquisitos té(s) que coleccionamos con mi rumi y la loza , aunque picada, era un lujo por su antiguedad, con evidente molestia me explicó que "los dueños originales, los alemanes, habían muerto y que el que llevaba el negocio ahora no comenzaba siquiera a leer la enciclpoedia de la elegancia y el glamour que contaba la historia del Riquet".
Me tranquilicé, volví a mi rol de reina e insití en el privilegio de mi media jornada, de mi libertad sagitariana, de mis despertadas a las 10:00 am... hasta que se me ocurrió preguntarle y me contestó que trabajaba ahí hace 48 años. Miré el lugar, las ventanas, los muros, los sillones antiguos (que seguro no habían cambiado desde hace 48 años), y pensé que él se despide de su señora en villa alemana desde hace 48 años y lo unico que ve en todo el día es este café... en ese momento entró una persona y lo saludó -Buenas tardes don Gabriel-,- Buenas tardes dama, ya llegó el verano!!- contestó.
Es feliz, como una lombriz... ahí sentado en la ultima mesa parandose solo lo que la edad le permite, es feliz. Parte del inventario tal vez, pero feliz. ¿Cómo debe ser la vida de una persona que es feliz estando hace 48 años en un mismo lugar?!!... y cómo es la mía que no duro ni 2 años en ninguna parte!!!!
En fin, moraleja, ralla pa la suma, en conclusión, con todo, da lo mismo... sólo retomé algo que venía pensando hace algun tiempo, esto de la relación entre los ojos y la felicidad, algunas personas resumen su felicidad a lo que sus ojos ven y otras en cambio somos felices imaginando todo lo que nuestros ojos aun no han visto...
Cuando me trajo la boleta me dijo "Ya sé porque me cayó tan bién" (inmediatamente pensé que era la media propina que le había dejado por haberme alegrado el día más de la cuenta)... -"somos tocayos... gabriel me llamo yo, acuerdese de mí, gabriel Videla, como el presidente así le va a ser facilito"-... -"Nos vemos el próximo martes don gabriel"-.
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